Las Fotos que nos miran

Por Horacio Incaurgarat

Confieso que siempre tuve una relación de amor y culpa con la fotografía. Amor porque desde pibe me hipnotizaban esas ventanas a otros mundos pegadas en los diarios. Culpa porque pocas veces logré sacar una foto digna, aunque me pasé la vida rodeado de gente que sí podía congelar el tiempo con un click. Gente como los locos lindos de Fototaller Monte Grande, que en lugar de ponerse solemnes con las velocidades y los diafragmas, te enseñaban a robarle secretos a la luz del Conurbano con lo que tuvieras a mano: una cámara prestada, un celular o hasta una lata oxidada si servía.

Este libro es como esos talleres: tiene olor a barrio. No es de esos manuales que te hablan de París o Nueva York cuando vos estás buscando fotografiar la feria de Monte Grande un sábado al mediodía. Acá las reglas de composición te las explican con ejemplos que incluyen a una tía posando en el patio o al kiosquero de la cuadra.

Dicen que antes la fotografía era cosa de elegidos. Que había que tener plata para el rollo, el revelado y esas cosas. Hoy cualquier teléfono saca fotos mejores que las de un reportero de los ´80, pero hay algo que ni los algoritmos ni la inteligencia artificial pueden imitar: esa foto que te sale torcida porque te temblaba el pulso de la emoción ante ese momento especial que te incluye y te interpela como protagonista. O esa imagen granulada de alguna abuela en la cocina, donde se manifiesta más el corazón que los píxeles.

Ahora bien, hablemos de lo que surje en las reuniones de fotógraf@s entre el tercer fernet y el primer llanto: que cualquier algoritmo hoy puede generar una foto de tu sobrino en Disney que nunca existió. Que ya no necesitás viajar a la Patagonia para tener un atardecer épico en tu portfolio, solo un teclado y suscripción a Midjourney. Joan Fontcuberta -ese catalán que siempre ve el futuro con anteojos de certezas- lo dijo claro: “La foto digital nos alejó del tacto; la IA nos aleja de la mirada”.

Y ahí está el quid de la cuestión. Este trabajo no es nostalgia tecnológica, sino un recordatorio de algo que las IA nunca podrán replicar: la fotografía como experiencia humana. Porque detrás de cada imagen verdadera hay una historia que no se reduce a píxeles. Está el fotógrafo que esperó tres horas a que esa nube se posicionara exactamente sobre la estación del tren, la conversación incómoda que generó la confianza para ese retrato íntimo, o simplemente el azar feliz de estar en el lugar preciso cuando la luz del atardecer se filtró por la fábrica abandonada de una manera que ningún algoritmo podría predecir.

Fototaller nos enseñó -y enseña- justamente eso: que lo valioso no está necesariamente en la perfección técnica sino en esa alquimia entre ojo, circunstancia y paciencia. Mientras las IA generan imágenes a partir de patrones estadísticos, los fotógrafos seguimos –y seguiremos- trabajando con lo inesperado, con esas pequeñas imperfecciones que no son errores sino huellas dactilares de lo real. Como decía Cartier-Bresson, “fotografiar es poner en el mismo punto de mira la cabeza, el ojo y el corazón”.

Los muchachos de Fototaller lo entendieron siempre. Por eso este libro no es un cementerio de tecnicismos, sino una caja de herramientas para que cualquiera -sí, cualquiera- pueda contar su verdad con imágenes. Porque al final, la mejor foto no es la que tiene mejor nitidez, sino la que guarda el ruido de fondo de tu vida.

Por eso este libro no es un manual, es un manifiesto. Dice: “La fotografía no es un producto, es un ritual”. Que no importa si usás una Nikon o un Motorola viejo, lo sagrado está en salir a cazar imágenes con los cinco sentidos alertas. En equivocarte, en insistir, en aprender que la mejor foto es la que guarda el eco de emociones, momentos y experiencias.

De mi parte agradezco haber sido parte de esta historia y aviso que intentaré seguir sacar nuevas fotos –seguramente imperfectas-. Como decía el Negro Fontanarrosa: “Lo perfecto es el enemigo de lo divertido”.

Horacio Luis Inçaurgarat

Director de la Biblioteca de la UNLZ

@inzauga

This post was written by leonardo